- ¡Y tú para de leerme la mente, maleducado!
- No te estaba
leyendo la mente.
- ¿Ah, no? ¿Y entonces
cómo sabes que estoy pensando en tu
madre?
- Porque se te
estaba poniendo en la frente la misma arruga que se le pone a ella cuando
piensa en ti.
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