La película se trataba de Lejos del
mundanal ruido, dirigida por Thomas Vinterberg. No había oído hablar
sobre ella, lo cual me pareció un sacrilegio desde el minuto uno; acto seguido, descubrí que estaba basada en una novela de Thomas Hardy, y entonces sentí esas
mariposillas lujuriosas en la tripa: creo que fue amor a primera vista.
La historia cuenta la vida de la siempre
libre e independiente Bathsheba Everdene (Carey Mulligan) que, tras rechazar la oferta de matrimonio del próspero, guapo, fornido, callado, guapo, educado, caballeroso, guapo, seguro de sí y guapo granjero Gabriel Oak (Matthias Schoenaerts), hereda una enorme granja. Cuando Gabriel cae en desgracia, es contratado por ella como pastor.
La atracción entre ellos es indudable, pero Bathsheba continúa queriendo no atarse a ningún hombre hasta que conoce al despechado sargento Frank Troy (Tom Sturridge), que la encandila hasta tal punto que decide casarse con él sin conocer sus
verdaderas intenciones: arrebatarle todo su dinero. Gabriel permanece a su lado desde su postura de granjero fiel y distante, ocultando su amor por ella y enfrentando su mirada aguamarina con la de otros pretendientes que la rondan.
La película transcurría y mi imaginación también: obviamente Bathsheba y Gabriel debían acabar juntos, pero en un momento dado, la historia se embrolló hasta tal punto que me hizo dudar de cómo llegaríamos al final esperado.
El desenlace estaba claro, pero la forma en que sucedió me hizo saltar las lágrimas bien entrada la madrugada ¡Qué preciosidad!

Esta película me hizo recordar las historias de mi querida Jane y al día siguiente tuve que ir como una posesa a comprarme el libro de Thomas Hardy.
La atracción entre ellos es indudable, pero Bathsheba continúa queriendo no atarse a ningún hombre hasta que conoce al despechado sargento Frank Troy (Tom Sturridge), que la encandila hasta tal punto que decide casarse con él sin conocer sus
verdaderas intenciones: arrebatarle todo su dinero. Gabriel permanece a su lado desde su postura de granjero fiel y distante, ocultando su amor por ella y enfrentando su mirada aguamarina con la de otros pretendientes que la rondan.La película transcurría y mi imaginación también: obviamente Bathsheba y Gabriel debían acabar juntos, pero en un momento dado, la historia se embrolló hasta tal punto que me hizo dudar de cómo llegaríamos al final esperado.
El desenlace estaba claro, pero la forma en que sucedió me hizo saltar las lágrimas bien entrada la madrugada ¡Qué preciosidad!

Esta película me hizo recordar las historias de mi querida Jane y al día siguiente tuve que ir como una posesa a comprarme el libro de Thomas Hardy.

¡Hola, Lu! ¡Me ha encantado tu entrada! El otro día la dieron por la tele, pero no la quise ver porque primero quiero leerme el libro. Pero sé que es una de esas pelis que me van a encantar, y me has dejado muy intrigada con el desenlace <3
ResponderEliminar¡Un beso!
Hola Laura, sabia decisión la tuya, ¡pero yo no me pude resistir! Ahora me arrepiento un poco de haberla visto antes de leerme el libro pero este tipo de películas me atrapan.
EliminarSi te lees el libro antes que yo, espero leer la reseña en tu blog ;)
¡Besos!