Lourdes Martín-Serrano

Blog Entre Líneas: pasen, escuchen, lean y rebusquen.

No es un blog profesional, por lo que no hallaréis grandes escritos; su existencia solamente pretende trasladar de dentro hacia fuera mis pensamientos y mi imaginación.

Buena travesía.

martes, 25 de junio de 2013

EL CRECER ADULTO




Pienso bastante en este tipo de cosas, por eso escribo una entrada al respecto, y me gustaría que os tomarais un momento en comentarla con vuestros pareceres. 
Está muy bien intentar pensar como adultos a todas horas por temor a que nos llamen "inmaduros" y por consiguiente sentirnos como tal, y también creo que no podemos estar todo el día pensando como niños puesto que el ser adulto implica una serie de responsabilidades con nosotros mismos y con la sociedad. La sabiduría está justamente en encontrar el término medio.
Los niños no tienen la clase de preocupaciones que tienen los adultos ni las mismas responsabilidades, pero ellos no saben que están siendo felices, sólo son niños. Sólo de adultos descubrimos que de niños éramos felices porque no conocíamos la perspectiva adulta llena de quehaceres y más quehaceres, por otro lado, porque cuando nos estamos haciendo adultos nos atrapan en el círculo vicioso de: trabajar para vivir, y vivir para trabajar sin que podamos hacer nada por evitarlo. Nos arrancan la inocencia de cuajo y nos empujan al mundo laboral, a los atascos, a los gritos y a las subordinaciones: Sólo de adultos queremos volver a ser niños cuando de niños sólo pensábamos en crecer y ser adultos.
Los adultos conocen la parte negativa de la vida y por eso buscamos la felicidad y nos consideramos personas verdaderamente felices cuando llegamos a ella en algún momento puntual y casi siempre fugaz (porque la felicidad, creo yo, no es un estado permanente por mucho que la gente se empeñe en afirmarlo).
Sigo pensando en que el ser adulto también conlleva un montón de ventajas, como la toma de decisiones o la elección para la búsqueda de la felicidad meditada, pues no siempre estamos tristes y vemos la vida y a nosotros mismos de color ocre, gris o blanco (preguntadle a Edith Piaf), hay un montón de cosas que merecen ser disfrutadas más intensamente de lo que podría hacerlo un niño. Cada momento tiene su vida y cada vida su momento.
Eso sí, los que leéis mis escritos, mi blog (si es que me lee alguien), sabréis que yo opino que nunca hay que perder la inocencia de la imaginación, y que siempre hay un atisbo del niño que fuimos dentro de la coraza adulta y que podemos disfrutar de todo porque tenemos en nuestro haber ambas perspectivas. La pureza en la mirada, la manifestación de sentimientos, la alegría, el disfrute de las pequeñas cosas... son aspectos que no está bien perder del todo, siempre sin olvidarnos de nosotros mismos. Nunca volveremos a ser niños, pero lo fuimos en algún momento y por eso creo que no deberíamos perder nuestra esencia infantil, sin olvidarnos de lo que somos ahora: adultos. Como decía Niestzche: "La madurez consiste en recuperar la seriedad con la que jugábamos cuando éramos niños".
Pase lo que pase y pese a quien pese, nunca pierdas la inocencia que te llevó a querer ser mayor, que es la misma que te hace creer que puedes volver a tomar contacto con tu ser pequeño. Buscad el equilibrio. Axioma (como dice el anuncio de Aquarius): “El ser humano es extraordinario”.
Trabajando con mis pequeñuelos, me planteo este tipo de cosas y gracias a ellos aprendo a disfrutar de lo que es ser pequeño y adulto a la vez.

4 comentarios:

  1. Gracias por compartir tus reflexiones. Espero, como dices, no perder mi inocencia y seguir disfrutando de cada instante como si fuera el último. Por llevarte un poco la contraria te diría que, por mucho que te empeñes en negarlo ;), creo que la felicidad puede ser duradera, incluso eterna; pero no soy un experto. Quizás habría que preguntarle al "Ministro de la felicidad" de Bután...

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  2. Podríamos escribir un libro sobre esto.
    Claro que la felicidad existe, aunque a veces es vista como un bienestar subjetivo: Un hombre es feliz siempre y cuando quiera serlo. Si no quiere serlo, no lo será.
    Entiendo que todo el mundo quiere ser feliz, pero muchas veces no depende de uno mismo conseguirlo. Creo que hay varios estadios... por ejemplo, por hablar de un caso extremo: Jason Becker, un afamado guitarrista que en pleno despegue hacia el éxito le sobreviene el E.L.A., con veinte años y sólo puede mover los ojos.
    Veo su documental y pienso en su entereza y en la felicidad que irradian sus facciones y por sus palabras se puede averiguar un estado longevo de felicidad, pero no permanente:

    "La gente piensa que soy un héroe o una especie de gurú. Eso no me presiona. Sólo soy yo mismo. No digo ser perfecto. Aún me deprimo, me entristezco o me enojo. Uno de los mecanismos de escape para mi situación es ser trivial y hacer bromas subidas de tono. Trato de esconder ese lado mío porque es aburrido ser profundo. Quiero ser como el padre desagradable de Family Guy.”

    A esto me refiero, usando un ejemplo radical que puede extrapolarse a asuntos triviales o menos triviales como, por ejemplo, la inmensa felicidad de comprarse una casa y quedarse en paro de pronto sin poder pagar la hipoteca. Uno se lo puede tomar con filosofía y poner la postura del loto, pero después de despotricar un poquito aunque sólo sea achinando los ojos y disparando rayos láser jijiji. Cada problema tiene su aceptación personal por parte de quien lo padece, la importancia que se le quiera dar o la actitud que se quiera adoptar para sobrellevarlo lo mejor posible.
    Yo soy entendida en psicología positiva, pero personalmente veo o entiendo o creo entender que la felicidad es un estadio enorme en el que cohabitan otros estados de ánimo diferentes que no dependen de uno mismo, porque la tristeza y el abatimiento, como el caso concreto de este guitarrista, también forman parte del ser humano. Por eso, creo que si se quiere ser feliz, hay que serlo, porque la felicidad siempre esta ahí, al alcance de nuestra mano, pero a veces tenemos que recordárnoslo en momentos críticos de flaqueza emocional y usar todas nuestras armas de destrucción masiva por lograr su despunte de nuevo.

    A eso me refería, con lo de que no era un estado permanente, pero puede que estuviera confundiendo términos o tenga un cacao mental. ¿Le preguntamos al amigo Huang? Jajaja

    Dejo otra reflexión de Jason Becker, del que por cierto, recomiendo el documental:

    “Es difícil decir lo que me impulsa a seguir adelante. Creo que la mayoría seguiría adelante si tuviera toda la ayuda que tengo yo. Incluso si hubiera querido seguir viviendo y haciendo música no podría de no ser por mis padres, Serrana, Marilyn y tantos más. Pero es raro cómo a menudo no siento que esté enfermo. Sólo me quedo quieto. Tengo mucho que hacer en la vida, la disfruto, no estoy sufriendo. Aún tengo mucha pasión; no sólo por la música, sino también por mis relaciones y mis amigos. La vida está llena de amor y diversión. No creo que nadie necesite sentir esto. Y si mi situación fuera diferente, también querría rendirme. No creo ser especial, creo que soy afortunado. Y mis padres me enseñaron la magia de la vida.”

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  3. Desde mi punto de vista, la progresiva asunción de responsabilidades a medida que se va creciendo responde a parámetros culturales, propios de cada sociedad, más que al propio proceso madurativo. De esta forma, la conducta adulta en una tribu con cultura neolítica será muy distinta a la conducta que se espera del adulto en nuestra sociedad, por lo que podemos concluir que no se trata de un proceso universal, sino de la asunción de una serie de esquemas socialmente compartidos sobre lo que debe y lo que no debe ser. En este sentido, incluso un deficiente mental, cuyo pensamiento no difiera mucho del de un niño, adoptará roles adultos simplemente por socialización.

    La madurez consistiría, para mí, en un proceso de desarrollo mental, con su correspondiente sustrato biológico en el sistema nervioso central, a través del cual se van incrementando las capacidades. Creo que es importante darse cuenta de que las nuevas capacidades desarrolladas se suman a las preexistentes, perfeccionándolas. Por tanto, el desarrollo, aunque puede transformar cualitativamente ciertas facultades mentales, lo hace siempre de forma expansiva. Así, de adultos, podremos seguir experimentando las mismas emociones que de niños, pero con un rango de variación y unas posibilidades de modulación mucho más amplias.

    Los cambios normativos que conllevan la asunción de responsabilidades, responden más a criterios sociales que al estadio madurativo. La cuestión sería más verse y sentirse adulto que realmente serlo. Podemos ver un reflejo de ello, por ejemplo, en el retraso en la edad para tener hijos. En las sociedades desarrolladas se va retrasando esta edad, a pesar de que el nivel educativo y cultural no ha dejado de incrementarse. Sin embargo, en sociedades tercermundistas, con amplios niveles de analfabetismo, violencia y subdesarrollo, es completamente normal que los adolescentes, inmaduros biológicamente, tengan hijos.

    Por otro lado, con respecto a las emociones humanas, me gustaría señalar que son fruto de la historia evolutiva de nuestra especie. Surgen como resultado del proceso de selección natural que ha ido modelando la psique humana y, por tanto, todas ellas son adaptativas. Esto implica que todas las emociones tienen una utilidad biológica, más allá de su utilidad social. Esta es la razón de que, desde un punto de vista psicológico, lo emocionalmente inteligente sea la capacidad de sentir y manejar, en uno mismo y en los demás, todo tipo de emociones, no sólo las positivas. De hecho, en los diferentes esfuerzos psicométricos por medir la inteligencia emocional se ha visto que no correlaciona con una actitud positiva.

    La emoción es un elemento modulador entre el pensamiento y los estímulos ambientales, que sirve como factor motivacional, facilitando la selección de metas. Por tanto, lo emocionalmente inteligente será sentir todas ellas cuando hagan falta. Un estado de felicidad permanente no sólo es utópico, sino que sería profundamente desadaptativo y poco inteligente para lidiar con el mundo real, siendo tan pernicioso como un estado depresivo crónico.

    En línea con lo aportado por la autora, veamos un ejemplo sobre la felicidad permanente:

    http://www.youtube.com/watch?v=4IbmOWZm4Tk

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  4. Ah!! Y muchas gracias a los dos por participar en el blog con vuestras opiniones!!!!

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