La sensación de vacío al acabar de leer un libro me ha sucedido
con A orillas del río Piedra me senté y
lloré de Paulo Coelho, y este es su comienzo:
A orillas del río Piedra me senté y lloré. Cuenta
una leyenda
que todo lo que cae en las aguas de este río —las hojas, los insectos, las plumas de las aves— se
transforma en las piedras de su lecho. Ah, si pudiera arrancarme el corazón del
pecho y tirarlo a la corriente; así no habría más dolor, ni nostalgia, ni recuerdos.
A orillas del río Piedra me senté y lloré. El frío
del invierno me hacía sentir las lágrimas en el rostro, que se mezclaban con las aguas
heladas que pasaban por delante de
mí. En algún lugar ese río se junta con otro,
después con otro, hasta que —lejos de mis ojos y de mi corazón— todas esas aguas se confunden con el mar.
Que mis lágrimas corran así bien lejos, para que mi amor nunca sepa que un
día lloré por él. Que mis lágrimas corran bien lejos, así olvidaré el río
Piedra, el
monasterio, la iglesia en los Pirineos, la bruma, los caminos que recorrimos
juntos.
Olvidaré los caminos, las montañas y los campos de mis sueños, sueños que
eran míos y que yo no conocía.
Me acuerdo de mi instante mágico, de aquel momento en el que un «sí» o un «no» puede
cambiar toda nuestra existencia. Parece que sucedió hace tanto tiempo y, sin embargo, hace
apenas una semana que reencontré a mi amado
y lo perdí.
A orillas del río Piedra escribí esta historia. Las manos se me helaban, las piernas se me entumecían
a causa del frío y de la postura, y
tenía que descansar continuamente.
—Procura vivir. Deja los
recuerdos para los viejos —decía él.
Quizá el amor nos hace envejecer
antes de tiempo, y nos vuelve jóvenes cuando pasa la juventud. Pero ¿cómo no recordar aquellos momentos? Por eso escribía, para transformar la tristeza en
nostalgia, la soledad en recuerdos. Para que, cuando acabara de contarme a mí misma esta historia, pudiese jugar
en el Piedra; eso me había dicho la
mujer que me acogió. Así —recordando las palabras de una santa— las aguas apagarían lo que el fuego escribió.
Todas las historias de amor son
iguales.
Me he sentido especialmente
identificada con la protagonista: con sus dudas existenciales, sus pensamientos
y su afán por encontrar la seguridad de la que, al parecer, hace gala la felicidad.
Es un libro que trata sobre la
búsqueda del amor principalmente, aunque, como en casi todos los libros de
Paulo Coelho se da una especial importancia al plano místico que siempre queda hermanado con el encuentro del amor.
En esta historia, el plano
místico queda encarnado en el personaje denominado por el autor como “él”, el
mejor amigo de la infancia de Pilar, y cuyo nombre no se
conocerá nunca.
Pilar, una mujer aparentemente
fuerte pero muy frágil, vive acomodadamente feliz en la yerma Soria con su
familia, su religión (entiéndase cristiana) y sus amigos, en especial con su amigo
del alma, él.
Un buen día, él decide marcharse de viaje a
expandir su mente y su espíritu y escribirá a Pilar diversas cartas desde
Francia; en una en concreto, parece decirle que se va a hacer seminarista.
Pasan los años y las cosas no han
mejorado: Está estancada en una oposición que no aprueba; el plano amoroso no
le aporta absolutamente nada y comienza a perder la fe.
Un día, providencialmente, recibe una carta de él en la que la invita a
una conferencia que ofrecerá en Madrid durante el puente de diciembre, pues se
ha convertido en una especie de santero que salva a las personas y que hace
milagros; se ha convertido en una especie de religioso transgresor que defiende
la parte femenina en Dios.
Después de la conferencia, Pilar comienza
a admirar la persona en la que se ha convertido su amigo. Él la persuade para
que le acompañe a Francia y promete ayudarla a reencontrarse con su fe, pero lo
que de verdad ella quiere es saber si se ha hecho seminarista. Durante su
viaje, él la enseña a rescatarse a sí misma por medio de conversaciones filosóficas
sobre la vida. Visitan Lourdes e invita a Pilar a participar en todas las
ceremonias de sanación y aprende la lengua de los ángeles.
A la mañana siguiente hace su
aparición le señor Desengaño: Pilar descubre con terror que él ha desaparecido
y comienza a imaginárselo huyendo en mitad de la noche a todo correr al
descubrir el verdadero pavor que le da luchar por el amor de la mujer de su
vida. Después de la crisis y muy resignada, empieza a pensar en cómo regresar a
Zaragoza sin transporte, sin dignidad y sin dinero.
De camino a Zaragoza, hacen una
parada en El Monasterio de Piedra, en dónde recuerdan su infancia y allí, él le
dice, por fin, que renunciará a todo para rehacer su vida junto a ella y que la
quiere; pero algo sale mal: a Pilar le da otro pasmo a causa del terror y ahora
es ella la que sale corriendo, pues no se siente capacitada para permitir que
él renuncie a toda su vida de éxito y bienaventuranza por una “insignificancia”
como ella que puede que no le haga feliz.
Antes de entrar en hipotermia al
abrigo de la helada noche de diciembre, piensa e imagina…
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