Lourdes Martín-Serrano

Blog Entre Líneas: pasen, escuchen, lean y rebusquen.

No es un blog profesional, por lo que no hallaréis grandes escritos; su existencia solamente pretende trasladar de dentro hacia fuera mis pensamientos y mi imaginación.

Buena travesía.

jueves, 22 de enero de 2015

DIÁLOGOS DE PELÍCULA V: Jane Eyre (1996)

Leyendo e intercambiando opiniones con otros blogs acerca de Jane Eyre y sus versiones en el cine, se me ha ocurrido que el próximo “Diálogos de película” sea el de la “declaración” entre Jane Eyre y el señor Rochester.
Tengo alguna reserva con este diálogo ya que me parece que fomenta demasiado el patriarcado, pero el caso es que siempre lo he tenido como uno de los que más me gustan por aquello del romanticismo romántico que escribía en otra de mis entradas en el blog.


En este momento, el señor Rochester le esta diciendo a Jane, desde su fría e imperturbable faz y con palabras más bien rancias y cargadas de sarcasmo, que es hora de que busque un nuevo trabajo en el “fin del mundo” puesto que debido a su inminente matrimonio con otra mujer (la señorita Ingram), ya no va a necesitar más sus servicios como institutriz de su hija.
En el fondo, se nota que Edward arde en deseos de escucharle decir a Jane que le quiere y la acorrala, desde mi punto de vista, con malas artes amatorias:


 […] No es por el viaje. Es por la distancia. El mar es una barrera muy grande.
-          ¿De qué le separaría?
-          De Inglaterra, señor y, de Thornfiel y, de…
-          (silencio incómodo) A veces, produce en mí una sensación extraña. Sobretodo cuando está cerca, como ahora. Me siento como si tuviera un cordel atado a la costilla bajo la que está el corazón unido con un nudo a usted y no podemos separarnos; pero cuando se vaya a Irlanda, nos separará una gran distancia y tengo  miedo de que el cordel se rompa y mi interior empiece a sangrar; pero usted es sensata y sabrá olvidar.”
-          ¡’Nunca, nunca le olvidaré! […]


 ¡¿Pero no le has dicho hace un momento que se tenía que ir porque ibas a casarte?!

Ella no sabe a qué atenerse y se empeña en declararse libre e independiente, pero todas sabemos lo persuasivos que pueden llegar a ser algunos hombres, así que ocurre lo inevitable: sucumbe a sus encantos y cae rendida sin remedio a los pies de su señor.

-          […] ¿Cómo puede ser tan estúpido? ¿Cómo puede ser tan cruel? Yo soy pobre y sencilla pero tengo sentimientos. No es por la casa, sino por mi vida aquí. No me han pisoteado. No me han excluido. Me han tratado como a una dama.
-          Y lo eres, Jane.
-          Sí, lo soy, señor, aunque no del todo. Usted es un hombre casado o casi casado… Tengo que irme…
-          Quiero que te quedes. Forcejeas como un ave salvaje arañando la jaula.
-          No soy un ave enjaulada, soy un ser humano libre, independiente, con voluntad propia.
-          Pues quédate y cásate conmigo.
-          ¿Cómo se atreve a burlarse de mí?
-          Lo digo en serio. Quédate en Thornfiel y se mi esposa.
-          ¿Y la señorita Ingram?
-          ¡No me importa! Yo no quiero a la señorita Ingram, ¡ni ella a mi! Jane, criatura extraña, casi etérea. Te quiero como a mi propio ser. Te ruego que te cases conmigo. Di: “Edward, dame tu apellido”. Di: “Edward me casaré contigo”
-          Sí, Edward me casaré contigo.

Él no hace otra cosa que darle órdenes: “Quiero que te vayas” “Quiero que te quedes”, “Di: “Edward, dame tu apellido””, “Dí: “Edward me casaré contigo””.
“Me caso con la señorita Ingram.” “No quiero a la señorita Ingram”. Si yo fuera Jane, posiblemente le hubiera dicho a Edward que prefería irme a trabajar al confín del mundo antes que casarme con un hombre como él. ¿Que forcejeo como un ave salvaje arañando la jaula? Lógico y normal.

Sin embargo, la estructura del diálogo cinematográfico me parece tan elegante, poética y cuidada que incluso yo hubiera accedido a los deseos del señor Rochester, para rechazarlos más tarde educadamente y con maleta en mano, claro está, tras una conveniente reflexión; evidentemente no iba a quedarme sonriente y complacida a esperar más sinsentidos; sinsentidos tan “agradables” como todos los que ocurrirían después durante la boda…

Evidentemente, el primer paso para leerme la novela ya lo he realizado: me he comprado el libro. Ahora toca leérmelo y corroborar todo lo que me transmite la escena de esta película y en general, la ambigua tensión sexual existente entre Jane y el señor Rochester, ya que seguro que entre papel, letras y frases, las cosas quedarán más claras.


5 comentarios:

  1. ¡Hola, Lu!

    Jane Eyre es mi novela favorita y esta parte me gusta mucho. Tienes razón con lo que dices sobre el patriarcado, pero en esta escena hay una parte que no has puesto en la que Jane le recrimina a Rochester que por ser pobre y fea puede hacer con ella lo que le dé la gana. Aquí Jane está reivindicando su dignidad y creo que es lo que la hace un personaje tan maravilloso. Ella no es menos que nadie y al final lo demuestra :) ¡Me ha gustado mucho tu entrada!

    ¡Un beso!

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  2. Por cierto, no he visto esta adaptación y me la he apuntado :)

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    1. ¡Hola Laura! ¡Cuánto tiempo! He añadido la parte del diálogo a la que te refieres. La verdad es que este personaje siempre me ha llamado la atención, quizás por la manera que tiene de hablar y de comportarse casi fuera de los cánones decimonónicos.
      Muchas gracias por pasarte.
      Besos,
      Lu

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  3. Hola Lu, un buen trabajo esta entrada, yo discrepo con tu versión de los hechos, no nos olvidemos de la época en la que suceden los acontecimientos, las mujeres estaban al albedrío de los hombres, y en este caso ella descarga la pena que invade su corazón entregándole todo su amor. La escena es romántica al cien por cien, lo que pasa después es otra cuestión para analizar. El amor cuando llega tan fuerte como le llegó a Jane es difícil de ignorar-.
    Una entrada preciosa como todas la tuyas de este tipo.
    Besos Lu.
    Puri

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    1. ¡Hola Puri! Es posible, es otra manera de interpretar la escena.
      Muchas gracias por pasarte por aquí.
      Besos,
      Lu

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