Leyendo e intercambiando opiniones
con otros blogs acerca de Jane Eyre y sus versiones en el cine, se me ha
ocurrido que el próximo “Diálogos de película” sea el de la “declaración” entre
Jane Eyre y el señor Rochester.
Tengo alguna reserva con este diálogo ya que me parece que fomenta demasiado el patriarcado, pero el
caso es que siempre lo he tenido como uno de los que más me gustan por aquello
del romanticismo romántico que escribía en otra de mis entradas en el blog.
En este momento, el señor Rochester
le esta diciendo a Jane, desde su fría e imperturbable faz y con palabras más
bien rancias y cargadas de sarcasmo, que es hora de que busque un nuevo trabajo
en el “fin del mundo” puesto que debido a su inminente matrimonio con otra mujer (la señorita Ingram), ya no va a necesitar más sus servicios como institutriz de su hija.
En el fondo, se nota que Edward arde
en deseos de escucharle decir a Jane que le quiere y la acorrala, desde mi
punto de vista, con malas artes amatorias:
- […] No es por el viaje. Es por la distancia. El mar es una barrera muy grande.
- […] No es por el viaje. Es por la distancia. El mar es una barrera muy grande.
-
¿De qué le separaría?
-
De Inglaterra, señor y, de Thornfiel y, de…
- (silencio incómodo) A veces, produce en mí una sensación extraña. Sobretodo
cuando está cerca, como ahora. Me siento como si tuviera un cordel atado a la
costilla bajo la que está el corazón unido con un nudo a usted y no podemos
separarnos; pero cuando se vaya a Irlanda, nos separará una gran distancia y
tengo miedo de que el cordel se rompa y
mi interior empiece a sangrar; pero usted es sensata y sabrá olvidar.”
-
¡’Nunca, nunca le olvidaré! […]
¡¿Pero no le has dicho hace un momento que se
tenía que ir porque ibas a casarte?!
Ella no sabe a qué atenerse y se
empeña en declararse libre e independiente, pero todas sabemos lo persuasivos
que pueden llegar a ser algunos hombres, así que ocurre lo inevitable: sucumbe
a sus encantos y cae rendida sin remedio a los pies de su señor.
- […] ¿Cómo puede ser tan estúpido? ¿Cómo puede ser tan cruel? Yo soy pobre y sencilla pero tengo sentimientos. No es por la casa, sino por mi vida aquí. No me han pisoteado. No me han excluido. Me han tratado como a una dama.
-
Y lo eres, Jane.
-
Sí, lo soy, señor, aunque no del todo. Usted es un
hombre casado o casi casado… Tengo que irme…
-
Quiero que te quedes. Forcejeas como un ave salvaje
arañando la jaula.
-
No soy un ave enjaulada, soy un ser humano libre,
independiente, con voluntad propia.
-
Pues quédate y cásate conmigo.
-
¿Cómo se atreve a burlarse de mí?
-
Lo digo en serio. Quédate en Thornfiel y se mi esposa.
-
¿Y la señorita Ingram?
-
¡No me importa! Yo no quiero a la señorita Ingram, ¡ni
ella a mi! Jane, criatura extraña, casi etérea. Te quiero como a mi propio ser.
Te ruego que te cases conmigo. Di: “Edward, dame tu apellido”. Di: “Edward me
casaré contigo”
-
Sí, Edward me casaré contigo.
Él no hace otra cosa que darle
órdenes: “Quiero que te vayas” “Quiero que te quedes”, “Di: “Edward, dame tu
apellido””, “Dí: “Edward me casaré contigo””.
“Me caso con la señorita Ingram.”
“No quiero a la señorita Ingram”. Si yo fuera Jane, posiblemente le hubiera
dicho a Edward que prefería irme a trabajar al confín del mundo antes que
casarme con un hombre como él. ¿Que forcejeo como un ave salvaje arañando la
jaula? Lógico y normal.
Sin embargo, la estructura del
diálogo cinematográfico me parece tan elegante, poética y cuidada que incluso
yo hubiera accedido a los deseos del señor Rochester, para rechazarlos más
tarde educadamente y con maleta en mano, claro está, tras una conveniente
reflexión; evidentemente no iba a quedarme sonriente y complacida a esperar más sinsentidos;
sinsentidos tan “agradables” como todos los que ocurrirían después durante la
boda…
Evidentemente, el primer paso
para leerme la novela ya lo he realizado: me he comprado el libro. Ahora toca
leérmelo y corroborar todo lo que me transmite la escena de esta película y en
general, la ambigua tensión sexual existente entre Jane y el señor Rochester, ya que seguro que entre papel, letras y frases, las cosas quedarán más claras.

¡Hola, Lu!
ResponderEliminarJane Eyre es mi novela favorita y esta parte me gusta mucho. Tienes razón con lo que dices sobre el patriarcado, pero en esta escena hay una parte que no has puesto en la que Jane le recrimina a Rochester que por ser pobre y fea puede hacer con ella lo que le dé la gana. Aquí Jane está reivindicando su dignidad y creo que es lo que la hace un personaje tan maravilloso. Ella no es menos que nadie y al final lo demuestra :) ¡Me ha gustado mucho tu entrada!
¡Un beso!
Por cierto, no he visto esta adaptación y me la he apuntado :)
ResponderEliminar¡Hola Laura! ¡Cuánto tiempo! He añadido la parte del diálogo a la que te refieres. La verdad es que este personaje siempre me ha llamado la atención, quizás por la manera que tiene de hablar y de comportarse casi fuera de los cánones decimonónicos.
EliminarMuchas gracias por pasarte.
Besos,
Lu
Hola Lu, un buen trabajo esta entrada, yo discrepo con tu versión de los hechos, no nos olvidemos de la época en la que suceden los acontecimientos, las mujeres estaban al albedrío de los hombres, y en este caso ella descarga la pena que invade su corazón entregándole todo su amor. La escena es romántica al cien por cien, lo que pasa después es otra cuestión para analizar. El amor cuando llega tan fuerte como le llegó a Jane es difícil de ignorar-.
ResponderEliminarUna entrada preciosa como todas la tuyas de este tipo.
Besos Lu.
Puri
¡Hola Puri! Es posible, es otra manera de interpretar la escena.
EliminarMuchas gracias por pasarte por aquí.
Besos,
Lu